Se buscan fugitivos

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Un texto para The Wanted Project. Un proyecto del laboratorio creativo Marejant la Perdiu.

En la ventana todavía no hay rastros del sol. Son las 6 de la mañana. El cielo comienza a teñirse de un azul de tono añil que, a medida que pasan los minutos, toma una tonalidad más clara. En el horizonte se puede ver como se asoman los primeros rayos de sol que destacan por su color rojizo.

Las calles de la ciudad se comienzan a llenar de personas. Un ejército que se traslada de un lado a otro. Un caos rutinario. Unos van caminando, otros en coche, un buen grupo se decanta por el transporte público y algunos valientes por la bicicleta. La mayoría de ellos tienen un destino en común, el trabajo. Así, cada día, la misma dinámica, la misma rutina. Días, meses y años. ¿Alguna vez nos hemos preguntado si es esto lo que realmente queremos? ¿Somos realmente felices? ¿Nos sentimos realizados con aquello que hacemos cada día?

Desde que nacemos formamos parte de una sociedad, una cultura y de un sistema. Estamos casi que obligados a seguir un camino que ya nos han marcado previamente. Todos debemos seguir las mismas líneas, los mismos esquemas y nos educan de la misma manera. Si no obedecemos estos esquemas, ya desde bien pequeños, nos riñen y alertan de que no vamos por el “camino correcto”. Nos crean una estructura mental que consideramos como buena, correcta y única. Todo aquello que salga de ella será considerada un error, una tara, algo fuera de lugar. Nos han inculcado la idea de que si no hacemos las cosas como la mayoría no tenemos lugar en este mundo.

Con el paso de los años se ha comprobado cómo cada vez las sociedades están más anestesiadas. Una anestesia que nos convierte en monigotes de grandes empresas, de intereses financieros, de la publicidad, del poder. Hemos acabado absorbidos por un sistema que prefiere una sociedad dócil y obediente.

Dentro de todo ese ejército de personas que conforman una sociedad, hay un colectivo que cuestiona el sistema y prefiere romper los esquemas. Huir, son fugitivos. Un pequeño colectivo que apuesta por el cambio. Ellos se asoman desde el horizonte e irradian la misma luz que el propio sol durante el amanecer. Una luz que todavía queda lejos, que no acaba de iluminar cada rincón, pero que se asoma con mucho nervio desde el horizonte con ganas de hacer, de mover, de sacudir.

Una legión de personas que, igual que en el mito de la caverna, miran el mundo y la vida desde otra perspectiva. Gente que quiere dar un paso más allá al mismo tiempo en que combaten contra ser tildados de locos, ilusos e ingenuos por toda una masa que teme el cambio. Una legión que puede convertirse en la energía y la fuerza necesarias para poder impulsar ese giro de rosca que necesita el sistema. Para cambiar miles de conceptos desfasados que, aun hoy en día, son usados como referentes. Una legión que puede agitar y despertar una sociedad anestesiada. Una legión con hambre de ser, de crear, de crecer y de mejorar. De romper lo que no funciona para construir de nuevo y mejor las bases de la sociedad donde vivimos. Fugitivos que se mueven por suelos poco firmes. Locos y descerebrados les llaman. Esos chiflados que históricamente han estado perseguidos. En el pasado por defender ideas que eran consideradas como obra del demonio, hoy por no encajar en el sistema social establecido.

Nos enseñaron a ser fuertes. Nos dijeron que llorar era de cobardes. Nos repitieron que teníamos que competir como animales. Pero no nos explicaron que quien es realmente valiente no es aquel que no llora sino aquel que no tiene vergüenza ni miedo en mostrar sus sentimientos. Además de seres racionales somos seres emocionales y que el sentimiento nos mueve, que una emoción nos hace vibrar, nos hace llorar, sonreír, vivir. Por sentimientos movemos masas, movemos montañas.

Vamos a desprendernos de todo lo inculcado y volvamos a ser uno mismo. Perdamos el miedo a crear, a expresar y seamos fuertes para perseguir aquello que realmente nos hace sentir realizados, que nos hace ser felices. Busquemos a esos fugitivos. Perdamos el miedo a la novedad y rompamos todas las cadenas que nos impiden volar.

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