Descafeinada yo

Hoy el día se ha levantado con desgano. Aún no he visto un rayo de sol. Una manta gruesa de nubes grises cubre la ciudad y el viento peina constantemente los copos de los árboles. Un escenario donde sólo me apetece coger un grapado de hojas y estudiar mientras, intermitentemente, me entretengo mirando cómo los chubascos más inoportunos dejan un rastro de agua por las calles de la ciudad. Se me antoja ese rincón de la biblioteca municipal. Ese dónde hay una pequeña mesa delante de una ventana de cristal que, sorprendentemente, regala a quien esté allí sentado una bonita panorámica de la ciudad. Un vaso desechable con café americano hirviendo en el interior me calienta las yemas de los dedos y, así, mirando los pocos transeúntes que desafían la tormenta, te recuerdo. Te imagino a mi lado y te deseo. Ni el rincón más acogedor, ni el café más sabroso, alivian el peso de tu ausencia.

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